Escrito por Felipe León
La aparición de The Doors en el panorama musical fue de tal calibre que el rock no volvería a ser lo mismo. Puede sonar exagerado pero el debut de Jim Morrison, Ray Manzarek, John Densmore y Robbie Krieger marcó el rumbo del rock psicodélico con una apuesta reveladora, llena de magnetismo, a partir de una interpretación gratificante que se manifiesta de manera surrealista, hedonista y salvaje.
Una poética concepción artística de abundantes particularidades, que empujó los límites con condimentos frenéticos y surrealistas. No eran los únicos experimentando, ya que en 1967 aparecieron clásicos imbatibles con estas características, aunque sin dudas fueron de los más populares al acercar lo aventurado a las masas.
El imaginario de The Doors basaba su genio en los atributos de cada integrante, con un vocalista llamativo y desafiante. Morrison es el mejor ejemplo para explicar la figura de un «rockstar», y no existió mejor grupo de personas para acompañar e incentivar su fenomenal impronta rebelde, pues el sonido del órgano de Manzarek, el pulso rítmico de Densmore, y la guitarra blusera de Krieger, son fundamentales en la identidad del grupo.
La sabiduría en llamas de su música lograría un impacto tal que desde ahí nada sería igual en el rock, lo que se proyecta en las históricas piezas que trae su primer disco. Las legendarias «Light My Fire», «The End», «Break On Through (To the Other Side)» y «The Crystal Ship» continúan maravillando, mientras que «Soul Kitchen», «I Looked at You», «Take It as It Comes» o «Alabama Song (Whisky Bar)» complementan de gran manera este monumento.
