Escrito por Nicolás Merino
Fotos por Andie Borie
El debut de Supergrass en Chile partió algo truncado, al menos nominalmente. Hay gente a la que le importan mucho estas cosas: aquello que estaba agendado para el Teatro Caupolicán se movió de recinto a uno de una capacidad considerablemente más baja: la discoteca Blondie. Ahora, ¿importa? Poco. Lo del Caupolicán quizá parecía demasiado exagerado desde un principio, incluso para una banda que goza de ciertos hits en la cultura popular y que venía con el valor agregado de estar tocando por estas tierras. Pero ciertamente fue especial el hecho de que la fecha se concretara en la Blondie, mal que mal, es el lugar where the strange ones go.
Digo, ¿no tiene cierta gracia que en un lugar donde se baila ‘Alright’ todos los fines de semana toquen los mismísimos Supergrass originales?

Lo primero que saltó al oído es que el sonido de Supergrass en vivo tiene cierta distancia del de como opera su generación hoy en día. Es decir, aún con las estirpes irreverentes en la mochila, y si bien es verdad que tocan con cierta solemnidad propia de quienes saben que se están haciendo cargo de canciones legendarias por su energía cruda, pero aparentemente también están conscientes de que debe darle una vuelta más seria. Por desglosar los géneros en los que Supergrass se desempeña, revisan su repertorio clásico con esa distancia nostálgica propia de como tocan su power pop los Teenage Fanclub hoy, o lo mismo con el britpop de Blur (descontando la personalidad excéntrica de Albarn), pero también con una cercanía y respeto que se siente particularmente cálida. Nunca fueron una banda de darse demasiados aires de exhuberancia.
El show tenía el pie forzado de celebrar el I Should Coco (1995) y, sobre la mesa, estaba la promesa de interpretarlo íntegramente. Se imaginaría que no es muy distinto a lo que hace la banda en sus conciertos convencionales. Los que no son aniversario de nada, digamos. Pero en realidad es una banda de amplio repertorio desde el cual elegir y lo aprovechan regularmente en sus conciertos. Es argumentable que In It For The Money (1997) es igual de interesante que el disco debut, y el homónimo de 1999 también tiene su par de hits. Parte de esto quedó reflejado en el setlist, que no decayó cuando se agotaron las canciones de I Should Coco.

El concierto empezó con la tripleta con la que arranca el disco: ‘I’d Like To Know’, ‘Caught By The Fuzz’ y ‘Mansize Rooster’. Particularmente arriba al ser canciones que sacan un filo más propio del rock alternativo desde la cara britpop de la banda, dejando un poco de lado el power pop en estas canciones. Además, ‘I’d Like To Know’ es una canción especialmente larga y enérgica, con un solo de guitarra en retórica hard rockera y tanto ‘Caught By The Fuzz’ como ‘Mansize Rooster’ cuentan como hits para estos efectos (‘Caught By The Fuzz’ incluso tiene su videoclip). No había mejor manera de partir. En rigor, debía seguir ‘Alright’, su canción más conocida, pero se aplazó un poco, seguramente para darle dinamismo al asunto.
El desplante de los músicos en vivo fue impecable. Todo muy transparente, el hecho de ser cuatro (o más bien, tres más uno) en un escenario chico les impedía decorar demasiado su propuesta con efectos. Además que no es música particularmente ruidosa, entonces existía una placentera limpieza entre aquello que sumaban los músicos. El único efecto algo artificial fue un notorio pedal de guitarra de estos de simulación acústica que acompañó a una de las guitarras de Coombes. Igual, para canciones como ‘Sofa (Of My Letargy)’ hicieron el interesante ejercicio de intercambiar instrumentos para dar con el formato lo más cercano a lo “acústico” posible.

No está de más agregar que los temas más enérgicos levantaban una considerable energía, especialmente para ser un concierto de rock noventero, instancias donde el público suele estar más apagado. Y si es verdad igual que I Should Coco es un disco particularmente enérgico. Para la maravillosa ‘Sitting Up Straight’ incluso se abrió una suerte de mosh, o algo parecido. Esa canción, por cierto, fue uno de los momentos altos de la noche, aunque ya no les salen las pausas en el coro como antes.
No viene mucho al caso especificar el setlist, pues es uno de estos conciertos temáticos y el disco efectivamente se interpretó completo. No en orden exactamente, pero completo. Si se sumaron algunas sorpresas posteriores a ‘Time To Go’ (con versión extendida) como ‘Richard III’, ‘Moving’ y ‘Grace’, esta última con una sección extendida a punta de improvisaciones que le dio un toque bien de álbum en vivo de hard rock a la canción. Onda, algo que hubiera hecho Deep Purple. Luego, el bis estuvo compuesto por ‘Sun Hits The Sky’, que lentamente se fue transformando en la machacante ‘Pumpin Up Your Stereo’. Cierre perfecto.

El concierto, aparte de ser excelente y etcéteras varios típicos de reseñas, fue una oportunidad para poner en perspectiva el paso del tiempo y sus implicancias. No tanto en un sentido de recordar la época en la que Supergrass pegó un par de temas (aunque si había gente en clara edad de acordarse), sino más bien de reflexionar sobre dónde estamos como audiencia, dónde están ellos como artistas y que significa para los consumidores. Guardaron el tiempo, no hicieron el ridículo ni en vivo ni en su discografía. Más que abrir una cápsula del tiempo, lo de anoche fue ver como alguien abría esa cápsula en plena dignidad.
