Cine

Jano & Dafi, de Camilo Erazo: Amor por Santiago y sus historias

Jano & Dafi es el primer largo de Camilo Erazo. Además, una suerte de amplificación espiritual de lo que el cineasta había sembrado previamente en su corto debut Kiss Me Goodbye (2022), que comparte toda una serie de referencias temáticas y narrativas con su primera película. Ahora, ¿de qué tratan estas? Pues, como tantas otras grandes historias, el punto no es tanto de qué tratan, sino el punto de partida con el que se desenvuelve el juego narrativo. En este caso, el pie forzado es el siguiente: una pareja heterosexual quebrada y en el limbo, con la parte masculina sustancialmente más enamorada que su contraparte, debe encontrar la forma de reencauzar aquello que los unía, antes que la parte femenina se decida definitivamente por ir a México.

La película sigue las desventuras de un Jano interpretado por el excelente Lucas Espinoza, quien fuera de su carrera como comediante por la que es ampliamente más conocido históricamente ha sido un gran actor. Así lo ha demostrado en producciones como la película La Isla De Los Pingüinos (2017) o la webserie Tiempos Mozos (2016). Él es un músico estancado en toda una serie de trabas que le impiden avanzar en su realización personal. La gran mayoría de estas trabas están determinadas por su forma de relacionarse con el fallecimiento de su abuela y con su pareja/ex pareja, Dafi.

Sobre Dafi, es un personaje mucho más resuelto, que invita y fuerza a Jano a afrontar cierta madurez y mirar lo oscuro de las decisiones que no está dispuesto a tomar. Ella está interpretada por la precisa Carla Jiménez, que hace un trabajo prácticamente a prueba de críticas. Este personaje pretende irse a México con el gato Chopin antes de que termine la noche en la que se desarrolla el filme, en un tono temporal acotado a lo Richard Linklater.

Es una película romántica, sí, pero compuesta por fuerzas que intentan mover la aguja hacia lados opuestos aunque, aparentemente y muy en el fondo, si se esté esperando cierta complacencia y reconciliación entre las dos partes. Pero ahí está la nota trágica (en el sentido teatral clásico de la tragedia): no se pueden reconciliar. Lo que queda es una revisión cinematográfica de gente muy chilena y hecha por personas que claramente buscan materializar un esfuerzo consciente por contar una historia con todos los códigos del país, y sobre todo Santiago. Más que una película chilena como las que ya no se filman, es una película santiaguina como las que ya no se filman.

Algunos detractores de Jano & Dafi podrían hacer referencia con particular desdén donde otros ven una virtud a la mitologización romántica de la adultez temprana. O en realidad no tan temprana, dígase más bien aquella que rodea los treinta. Pero si, hay un tema con la romantización de una época de la vida y una retórica para ver el mundo y las relaciones interpersonales que esta película filma con particular amor, junto con georeferenciar la historia, precisamente, en un barrio de ensueño para cierta generación joven chilena. Barrio que, por cierto, tampoco está muy lejos de algunos focos juveniles de México (al menos según se muestra hacia afuera).

Hoy, México es un país donde se entiende, sobre todo para ojos chilenos, que en efecto está “todo pasando”. En un mundo donde Buenos Aires sufre con el resto de Argentina y Madrid parece demasiado lejos, Ciudad De México se convierte en la opción hispanoparlante por excelencia para cierta juventud que se siente atascada aún cuando pueda disfrutar de las mejores opciones que ofrece Chile (como es el caso de los protagonistas). Ninguna de las decisiones es accidental. Por ahí recuerda a la inocencia de autores como Alejandro Zambra, pero también al romanticismo desbordado de Noah Baumbach.

En cualquier caso, esta película no alcanza a ser ni una revisión de la condición humana como las que suele estratificar Zambra ni un filme de gratificación y autoayuda sobre sentirse perdido en la vida como los que filma Baumbach. Tiene su propia trama que, como se dijo antes, considera su propia aventura, llena de matices y pequeños giros que, para la audiencia más sensible, seguro despertarán fascinación y cariño por los personajes.

Y el final, sin ánimo de spoilear, si invita a considerar cierta madurez que recuerda la icónica línea de Cinema Paradiso (1988): “Don’t look back in nostalgia”. Quizá no cierra todas las ideas de la película, pero sí cierra las de Jano, y quizá las de más de algún espectador del filme. Al que le quede el sombrero, que se lo ponga.

Jano & Dafi fue parte de la edición 2025 del SANFIC, pero se espera algún estreno chileno pronto.

 

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