Escrito por Juan Pablo Ossandón
Foto por Emma Summerton
La artista islandesa-china, Laufey, finalmente hace publicación de su tercer álbum de estudio, ‘A Matter of Time’, el cual muestra su faceta más ambiciosa a nivel musical –conjurando un montón de sonidos e ideas–, y al mismo tiempo la más honesta y oscura a la fecha.
El sucesor de ‘Bewitched’ (2023) –uno de nuestros álbumes más destacados de dicho año– fue publicado a través de AWAL/Vingolf Recordings, y cuenta con la producción de su histórico colaborador Spencer Stewart, Aaron Dessner de The National, y la misma Laufey. Además, la Standard Edition cuenta con un bonus track: un cover de «Seems Like Old Times», un corte jazz standard bastante antiguo de 1945.
«It’s just a matter of time until you find out every single part of me».
Dicha declaración de Laufey –o más bien, promesa– resume de forma muy elocuente lo que ‘A Matter of Time’ propone temáticamente. Existe una intención bastante directa de diseccionar, sin velos de complejidad de por medio, cada aspecto de sus emociones y pensamientos, dejando al desnudo un panorama que no reniega en lo absoluto del dolor tras estos relatos. Es más, se inclina por completo en esa dirección, con pocas excepciones como el edulcorado bossa nova, «Lover Girl».
Muestras de tal crudeza hay varias a lo largo del disco. «Snow White», por ejemplo, pone a la artista dando espacio a unos de los versos más fuertes de la obra: «I don’t think I’m pretty/It’s not up for debate/A woman’s best currency’s her body, not her brain«; la clara crítica al patriarcado yace allí, pero el posicionamiento viene de la vivencia misma. También en «Sabotage», Laufey es bastante explícita en sus inseguridades en torno al amor y construir una vida en pareja, o bien, en «Forget-Me-Not» revela su conflicto interno al mudarse a Los Angeles, extrañando su tierra natal y lidiando con la aceptación de que Islandia ya no es parte de su día a día.
Ahora, Laufey también se toma varios momentos para hacer sátiras y críticas de la figura masculina autocomplaciente y charlatana. Una de las más notables por la especificidad en su prosa es «Mr. Eclectic», burlándose de hombres que buscan cautivarla de forma deshonesta, y que desde ya la Gen Z ha identificado como un dardo a la recientemente acuñada figura del performative male en redes sociales –ah, y con coros de Clairo–. «A Cautionary Tale» y «Tough Luck» también abordan tópicos similares.
Consagración como faro cultural
El relato sobre que Laufey es una figura clave en el acercamiento del jazz –y la música clásica– a las nuevas generaciones con una voz propia está establecido hace años, no es una tesis nueva. Sin embargo, el paso del tiempo, la maduración de su propuesta y la ambición que muestra ‘A Matter of Time’ son elementos a tomar en cuenta, para elevar dicha declaración y aseverar con certeza que la artista se posiciona como un faro cultural, en tanto acerca sonidos y géneros a las generaciones jóvenes –y a los mayores también, porqué no–.
Incluso si tomamos un factor ajeno al álbum, como el hecho de que la islandesa-china creó The Laufey Foundation con tal de asegurar acceso a la música para jóvenes que quieran adentrarse –y todas las herramientas que ponga a disposición para aquellos fines–, podemos hacer una suerte de paralelismo en cómo conjuga un ecosistema de ideas y sonidos más diverso (y numeroso) que nunca, asegurando el diálogo narrativo-artístico entre distintos géneros musicales como el traditional pop –visto en «Clockwork» y «Silver Lining»–, el bossa nova de «Lover Girl» y «Mr. Eclectic», o el folk pop de «Clean Air» y «Castle In Hollywood».
Pero, nuevamente, nada de esta variedad tendría sentido si no hubiese coherencia y cohesión de la mano de un hilo conductor claro, tanto a nivel narrativo como estético. Y lo que hace Laufey no es sino una genialidad, ya que construye un relato de cualidades cinematográficas, mostrando su mágico mundo con un fuerte trabajo de cuerdas y la presencia constante del idioma de la música clásica, bien evidente en «Cuckoo Ballet – Interlude», pero que encuentra puntos particularmente sorprendentes con las manifestaciones chamber pop en cortes como «Tough Luck», «A Cautionary Tale» y «Sabotage».
Como buena amante de la música, la artista pone los mejores atributos de cada uno de los subgéneros musicales que utiliza, los dispone en un lenguaje pop, dándoles forma a su antojo y semejanza –con especial respeto por las old ways–, lo que termina por engendrar un álbum con una riqueza cultural gigantesca. De esos que dejan una marca.

