Escrito por Rocío Villalón
Fotos por Aarón Castro
La noche del 14 de agosto The Aristocrats orquestaron su esperado regreso a Chile, específicamente Club Chocolate. El lugar es conocido como un refugio de lo underground y esta noche albergó a una banda simbólica del rock instrumental.

Aquellos tres músicos han redefinido y revalorizado la música instrumental y su público que los sigue con fervor, lo sabe.
Desde que el trío formado por Guthrie Govan, Bryan Beller y Marco Minnemann irrumpió en la escena hace más de una década, el mundo de la música instrumental ha ido en constante evolución y con ello, la experimentación.
La noche abrió con “Hey, Where’s MY Drink Package?”, fue una gran elección para comenzar el concierto, la energía explosiva. El concierto estuvo marcado por el humor de sus peticiones, sus historias antes de cada canción y la inmersión en el viaje de su último álbum.

A los pocos minutos, “Aristoclub” y “Sgt. Rockhopper” encendieron a todos los presentes, claro estaba con la mezcla de funk, jazz y metal que ellos son capaces de ofrecer.
El cuarto tema, “Sittin’ With A Duck On A Bay”—el nombre del disco que los trae a nuestras tierras — enloqueció a todos sus fans. Con este álbum, The Aristocrats explora un tono más melódico, pero sigue con su esencia inicial.
Luego llegó “Spanish Eddie”, una clase de fusión flamenca que sirvió de antesala para uno de los momentos más memorables de la noche: el solo de batería de Marco Minnemann, quien demostró porque es digno de sostener esas baquetas.

“Flatlands” marcó un punto de inflexión en el show. Es una pieza que invita a mirar hacia dentro, con una construcción más lenta y emocional. Incluso desde el escenario mencionaron que se trabaja de la calma, pero a la vez la premonición de una tormenta próxima.
“Here Come the Builders” devolvió la locura a la escena, fue un juego desquiciado y líneas melódicas. La banda, en plena sinergia, jugaba con el tiempo como si fuese una masa.
Esa noche en Club Chocolate fue mucho más que un recital: fue una quimera entre música, humor y libertad. The Aristocrats demostraron que la música instrumental puede ser profunda y divertida a la vez, al cautivar con sus historias escénicas.En estos tiempos, su propuesta brilla como una anomalía explosiva.
