Cine

The Rocky Horror Picture Show: a 50 años del musical queer por excelencia

Escrito por Antonia Villarroel

«Dammit Janet”, “Sweet Transvestite” y “The Time Warp” son sólo algunas de las canciones que mejor representan a esta inigualable y sumamente original película de Jim Sharmanm, cuyo legado cultural aún perdura en diferentes producciones cinematográficas y colectivas. Dirigida por Sharman y adaptada de la obra que compuso Richard O´Brien, The Rocky Horror Picture Show narra la historia de Brad y Janet, una pareja joven que en una noche de lluvia y tras una serie de sucesos desafortunados quedan atrapados en el castillo del Dr. Frank-N-Furter, viéndose envueltos durante una noche en un contexto lleno de sexualidad, libertad, caos y ruido.

Este musical está repleto de energía, personajes vibrantes, comedia y entretención, convirtiéndose a su vez en un ícono de la cultura queer en un momento en que ésta se encontraba en un apogeo muy relevante a nivel internacional. En un comienzo a esta película no le fue bien, pero tras el paso del tiempo comenzó a ser más valorada, más aceptada.  Terminando por ser un referente y un ícono de la cultura pop, mezclando ciencia ficción, rock, comedia, performance y una puesta en escena increíble y creativa.

La apertura de las nuevas generaciones a este clásico ocurrió para varios por medio de Glee (2009), donde aquellos que habían nacido a muchos años de la película pudieron acceder a la cultura de los musicales y de sus intérpretes gracias a la serie. Al igual que con el caso de Glee, se le hace referencia a Rocky Horror Picture Show en un montón de otras películas y series, entre ellas, en Las Ventajas de ser invisible (2012) cuando el grupo de amigos del protagonista (Logan Lerman) actúan esta obra,  y él siempre se llena de pudor y vergüenza hasta que un día uno de los actores falta a la función y se ve obligado a participar para suplantarlo.

En esa escena el personaje termina la obra sintiéndose profundamente feliz, realizado y más valiente, o al menos más expuesto, que es algo que retrata la esencia de este musical, siendo un reflejo de la manera en que esta obra celebra lo excéntrico, lo diferente, el hecho de salir de casillas autoimpuestas y atreverse a ser performático y libre, es un musical que celebra la identidad y el orgullo que siempre debe haber tras ello.

Tras 50 años de múltiples proyecciones, referencias y del uso de sus elementos estéticos y escenográficos en diferentes contextos, la figura de Rocky Horror sigue vigente, mostrándose siempre transgresora, avanzada para su época y visionaria. Llenando salas de cine y siendo una película  totalmente participativa. Históricamente las audiencias en estas funciones bailan y cantan las canciones, tiran arroz a la pantalla y se genera la oportunidad de verse inspirados por la actitud y excentricidad de sus personajes.

Se extiende la invitación a ver este musical, en especial en mañanas, tardes o noches donde se busque ver algo ligero y entretenido, con buena música y comedia.

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