Después de dejarnos el corazón encogido con el minimalismo emocional de Past Lives, Celine Song nos sorprende con un giro de tuerca total con The Materialists. Aquí no esperes esas estaciones de metro neoyorquinas bañadas en nostalgia; prepárate para un bombardeo de cirugías estéticas, diálogos que cortan como cuchillas y personajes que parecen sacados de una instalación de arte moderno, de esas que te hacen pensar qué demonios es el amor hoy en día.
Sí, es una comedia romántica, pero de esas que te guiñan el ojo con un toque de burla. Song se acerca al género con una mirada diferente: toma todos esos clichés de Hollywood, los estira hasta lo absurdo y nos los presenta con una estética tan perfecta que te preguntas si es real.
El mundo de Materialists está empapado de una belleza artificial y un lujo que grita «vacío». Todo es plástico, desde las sonrisas hasta los muebles. Y la aparición de Pedro Pascal como un tipo «rico» rodeado de momentos tan falsamente perfectos que parecen sacados de un sueño de Instagram, solo subraya lo irreal de todo lo que vemos. Es como si el filtro de Instagram se hubiera apoderado de la película entera.
Dakota Johnson y Chris Evans tienen una química que es imposible de ignorar. Sus escenas juntos son el verdadero corazón de la película, incluso cuando todo a su alrededor parece diseñado para alejarnos de cualquier conexión genuina. Hay algo hipnótico en cómo se miran, en cómo se mueven el uno alrededor del otro. Song no tiene miedo de dejar que los silencios hablen, mientras una banda sonora que se repite como un mantra nos envuelve, atrapándonos en una especie de trance emocional.

¿Por Qué Nos Casamos, Después de Todo?
La película, sin rodeos, lanza la pregunta: ¿por qué nos casamos? ¿Por amor, por seguridad, por esperanza? ¿O simplemente porque la sociedad nos dice que es lo que hay que hacer? Y aunque plantea estas cuestiones de forma inteligente, su punto débil es la falta de un conflicto claro y definido. A veces, da la sensación de que Song está más interesada en los símbolos y las texturas que en la historia en sí. Lo cual podría ser precisamente su intención… o su problema.
Debajo de todo ese brillo superficial, hay una sensibilidad profunda, tocando temas como el abuso, el vacío de las apariencias y la soledad que se esconde detrás de la perfección. Sin embargo, no todos estos elementos se sienten del todo integrados. Algunas ideas dramáticas se insinúan y luego se desvanecen, dejándote con una sensación de que algo quedó inconcluso.
Materialists es una sátira romántica, una pieza de arte estético y un ensayo audiovisual sobre el amor como una especie de performance. Puede que no sea una película perfecta, pero definitivamente es una experiencia cautivadora. Celine Song no quiere que creamos en el romance; quiere que nos preguntemos por qué seguimos haciéndolo.
