Escrito por Felipe León
William Basinski recurrió a viejas cintas en mal estado de los 80’s para crear nueva música, descubriendo que al momento de digitalizarlas se iban desintegrando. Desde su departamento en Brooklyn grabaría el proceso de descomposición melódica, comenzando en agosto y finalizando en septiembre, el mismo día 11 del atentado contra las torres gemelas. Poco tiempo después aparecía el primero de cuatro volúmenes llamado ‘The Disintegration LoopsThe Disintegration Loops‘.
Los dos actos de ambient conjugados en esta primera parte, se caracterizan por la naturaleza repetitiva del minimalism, funcionando como una representación del concepto «final». Fin de la melodía, fin de la música, fin de la vida, fin de los tiempos, el eterno cierre sostenido en un disco tan simbólico como interesante. Junto a la música hipnótica, imágenes capturadas en una grabación que el propio artista grabó para luego acompañar el lanzamiento de sus cuatro partes.
‘The Disintegration Loops‘ es considerado un requiem moderno. Un ícono de la denominada «hauntología», no exento de cuestionamientos por la referencia al 9/11 de USA. Más bien William Basinski se adjudicó la misión de registrar el deterioro y la erosión de las cosas, a través de un ejercicio musical de alto valor conceptual y sonoro.
