El último libro de R. J. Wheaton es, además, la última publicación de Clubdefans, editorial y disquería chilena bastante punta de lanza en lo que se refiere a aportes culturales adyacentes a la música tanto nacional como internacional. Como dice su nombre, es para fans. Y se nota en su trabajo de edición, todo muy nerd y cuidado. Precisamente, como es el caso de Trip Hop (2022), la última publicación de su ala editorial.
Trip Hop, más que tratarse de la historia del trip hop (que naturalmente sería un despropósito, pues la historia del género sigue viva hasta el día de hoy), es una especie de ensayo sobre aquellos elementos claves que lo rodean. Por lo mismo, antes de revisar el libro, es necesario -y haciendo eco del título de la reseña- establecer una especie de marco teórico respecto a los ejes con los que se aborda esta investigación.
Los géneros musicales, más que movimientos históricos encerrados en un tiempo y espacio, son categorías. Un género musical existe en la medida en la que se materializan una serie de discos que cumplen con características similares, al punto de lograr establecer un patrón lo suficientemente reconocible como para hablar de lo que convencionalmente entendemos como “género”. Por supuesto que existen escuelas que se pueden georeferenciar o apuntar dentro de una línea de tiempo, pero la misma historia de la música suele terminar por sobrepasar esas condiciones específicas y revelar la existencia de los géneros como formas de expresión artística que no dependen de un tiempo ni lugar determinado.

Trip Hop, el libro de Wheaton, juega tanto a favor como en contra de esa teoría. Naturalmente, parte reconociendo al trip hop como género, pero para luego gradualmente pasar a un esquema argumentativo en el que las fronteras de lo que entendemos como género (o al menos, este género en particular) se van diluyendo. Aparentemente, lo que a Wheaton le interesa es establecer una suerte de ensayo sobre la música pasiva adyacente al hip hop, la electrónica y el jazz que venga enraizada desde el dub y el downtempo. Eso por ponerlo en los términos más específicos posibles. Y sería correcto señalar que esa definición es, precisamente, la del trip hop, pero la verdad es que el libro estira la teoría hasta otros géneros que igual cumplen, al menos espiritualmente, con las características mencionadas, como el plunderphonics o el art pop de los noventa.
Esto es lo que hace de la teorización de Wheaton tanto impredecible como interesante. El libro parte desde una aproximación más bien sociocultural, que recuerda a esa obra maestra de la investigación musical que es Generación Hip Hop, de Jeff Chang, con un montón de vívidas historias sobre las fiestas en las que estos londinenses, sin muchas luces de lo que estaban haciendo exactamente, empezaron a tejer las bases del trip hop a base de improvisación. Y anteponiendose el trote del texto siempre a los lanzamientos de los grandes clásicos del género como Mezzanine, Dummy o Maxinquaye, se va armando la historia de un género que, como buena expresión de la electrónica, gran parte de sus registros más importantes están en sencillos o remixes. Naturalmente, todos debidamente mencionados. De hecho, el libro trae una lista de escuchas esenciales al final de cada capítulo.

Lo que sigue es una serie de reflexiones acerca de aquella música (previa, contemporánea o posterior a la época dorada del trip hop) que cumple, de una u otra forma, con al menos una de las características atribuibles al ADN central del trip hop. Lo que se interpreta de la búsqueda de Wheaton es un esfuerzo por desafiar y corromper los límites de los géneros. Hay más de una oportunidad en el transcurso del libro en que el autor se refiere a la naturaleza encasillada que implica ceñirse demasiado a los límites y reglas de los géneros. Y él batalla no solo estirando las reglas en la música, sino también en el arte en general, haciendo cruces que van desde las novelas de William Burroughs hasta películas como Blade Runner (de nuevo, recordar que él plantea el alma del trip hop como una tonalidad retroactiva, como si su gen siempre hubiese estado instalado en la cultura popular, esperando a ser explotado en formato electrónica).
Esta forma periférica de aproximarse a la historia del género puede provocar sus bemoles en la apreciación del lector que busque una perspectiva más historiográfica. Falta, por ejemplo, mayor detención en los clásicos o en el sonido propio del trip hop y la evolución de este, antes que en aquello que lo rodea. Y entre los problemas que podría despertar la filosofía del libro en la comunidad lectora, claro que aparece esta disociación respecto a la teorización de géneros más aceptada hoy en día. Al final, pareciera que Wheaton conecta más con una vibra que con un género, lo cual tampoco es una actitud exenta de problemas.
Ante todo, se sigue tratando de una investigación completa. Y, como se señaló en el título, una especie de serie de conceptos que enmarcan teóricamente al trip hop como expresión. Es imposible cerrar el libro sin llevarse una idea de lo que es el género o cuáles son los discos clásicos o cuál fue la influencia puertas afuera del sonido en cuestión. Pero de nuevo, no es exactamente una historia del trip hop, como si de aquello que lo rodea, tanto práctica como teóricamente.
El libro Trip Hop, de R. J. Wheaton se puede conseguir a través de Clubdefans.

