Para hablar de Superman como personaje, quizá sería más interesante hablar primero de él como idea. Pongamos, por ejemplo, la idea de que es una fuente de inspiración. Pensemos en que una de las grandes obras de los cómics de Superman no es exactamente sobre Superman, como es el caso de Identidad Secreta, de Kurt Busiek. Una hermosa historia en la que un niño llamado Clark Kent es dotado de algunos de los poderes de Superman y, inspirado por las historietas, se decide a hacer el bien y solo el bien. O bien pensemos en el peso dramático tan bien logrado de líneas como las pronunciadas por Batman en Crisis Final; “La última vez que inspiraste a alguien fue cuando estabas muerto”. Duras para ser recibidas por quien solo debería preocuparse de inspirar, precisamente como Superman.
¿A qué va todo esto? A que Superman es, antes que cualquier otra cosa, fuente de inspiración. Está bien, él es un personaje y no un monolito que sirva como motor para la inspiración de otros. De hecho, es más que eso. Es un personaje tan trascendental culturalmente que sus principios que invitan a hacer el bien de manera intransable pueden atravesar el medio e inspirar a quien sea que se esté aproximando al material. Para eso sirven no solo el personaje, sino algo aún más importante: las historias.
Un disclaimer antes del párrafo que viene: se es plenamente consciente de que los personajes, y en especial los personajes de cómics, no son una sola cosa. De hecho, hacer referencia a que tal o cual expresión artística “entiende” a algún personaje determinado muchas veces implica, aunque sea involuntariamente, meterlo dentro de una caja que lo limita. Los personajes de la cultura pop son multidimensionales y la historia de la ficción moderna así lo ha demostrado múltiples veces.
Otras interpretaciones cinematográficas

Hacer una película de cualquier personaje de historietas con esto en mente implica destilar al máximo la propuesta eje del personaje en cuestión. Y posteriormente, si efectivamente es una buena interpretación, sumarle una que otra vuelta de tuerca; alguna reinterpretación o resignificación. El director Richard Donner bien lo supo en 1978 cuando puso a Superman en su primera adaptación cinematográfica al servicio del lenguaje cinematográfico y lo incrustó en las reglas más hitchcockianas para hacer funcionar su película. De nuevo: una vuelta de tuerca. Es una historia particularmente romántica, similar a los clásicos de Spiderman guionizados por Stan Lee. Nunca mejor adoptado desde la competencia: “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”, casi se diría que aplica más para Clark Kent que para Peter Parker.
Algo parecido se puede decir de Zack Snyder. Claro que ahí los problemas son otros, y tienen que ver con la incompetencia del director. Pero algo intentó plantear en su lenguaje tan extraño y lleno de contradicciones. Y sí, digamos que ciertamente mejor desarrollado en Batman vs Superman (2016) que en la película fundacional Man Of Steel (2013). Hay un tema con la disputa de la humanidad con su propia fe en la justicia y las esferas del poder y la discordancia que les produce tener a Superman paseando entre ellos. Eso sin contar el factor del “alien extranjero” enfrentándose al agente del orden (Batman).
Pero ya es suficiente introducción. Igual nada de esto es gratuito, es para sentar las bases del abanico que se abre y nos invita a preguntarnos ¿qué postulado nos trae el señor James Gunn, nuevo encargado de la esfera cinematográfica de DC Comics en Warner Bros? Y la respuesta es que, la verdad, es bastante poco lo que tiene que decir. Como siempre hay que hacer, vayamos primero a la fuente.
Las decisiones formales de la película de Gunn

Poco antes del estreno de Superman (James Gunn, 2025), la editorial matriz del personaje, DC Comics, publicó una caja con cuatro historias clásicas de Superman. La particularidad es que estas cuatro historias son las que Gunn decidió hacer públicas como las principales influencias de su filme. Los arcos en cuestión son All Star Superman, Superman For All Seasons, Whatever Happened to the Man of Tomorrow? y Kingdom Come, que en rigor no es exactamente solo sobre Superman, pero si lo suficiente. De hecho, es de donde la película más bebe. Ahora, ¿cuánto hay de esas cuatro realmente y cómo están aplicadas? Lo veremos.
¿De qué va la película? Partamos de la base de que, al igual que The Batman (Matt Reeves, 2022), asume las reglas de un mundo en el que el espectador ya conoce el mito de iniciación del personaje. La película parte con Kent y Lane ya conformados como pareja. Asimismo, del otro lado Luthor ya tiene toda su maquinaria andando para dar con Superman y destruirlo. No está de más reconocer que esta falta de primeros pasos puede distorsionar un poco las intenciones de los personajes y hacerlos ver algo automáticos. Y digámoslo, las dos veces que se ha filmado la destrucción de Kryptón han sido grandes momentos cinematográficos, hubiese sido interesante ver qué hacía Gunn con eso, pero supongo que no lo tendremos.
La trama de Superman, como buen número de cómic antiguo, sigue los pasos de un héroe de actitud paciente que resuelve una a una las amenazas de Luthor mientras resuelve sus problemas personales. Eso hasta que Luthor se pasa de la raya y Superman debe enfrentar una guerra que no es sólo de músculo, tampoco de cerebro, sino de instalación de narrativas. Hasta aquí se puede contar sin spoilers.
Las decisiones espirituales de la película de Gunn

Spoilers afuera, igual todavía se pueden decir un montón de cosas. Por ejemplo, se puede hacer el nexo con Kingdom Come, el cómic escrito por Mark Waid y citado por Gunn como influencia directa. Sí, en esta oportunidad Luthor tiene su propia horda de metahumanos con los que planea proponer una alternativa de fuerza bruta a la de Superman. Está bien, eso no es exactamente lo que pasa en Kingdom Come, pero el espíritu es el mismo: personajes modernos y violentos que se presentan como alternativas teóricamente superiores a aquellas anticuadas como lo serían, precisamente, Superman o sus compañeros.
Este es uno de los aspectos más meta de la película, pues cierta línea se puede trazar entre el estilo del cine de Gunn respecto de las modas más oscuras entre las películas de acción más contemporáneas. Gunn, de manera muy fiel al espíritu basal de Superman, claramente quiere anteponer los valores positivos tradicionales del superhéroe. El problema es que se queda en eso y poco más. Faltó el postulado, la vuelta de tuerca. Incluso se diría que esta película vivía mejor en su marketing: “LOOK UP”, eso si era inspirador, no era literal, era espiritual. Es verdad que hay de eso en la película y efectivamente está bien logrado, el problema es que es solo eso. Y digamos que los recursos cinematográficos de Gunn son demasiado superficiales como para admitir medias tintas, subtextos o dobles interpretaciones.
Todo esto aún cuando no deja de ser cierto lo que exclaman con tanto entusiasmo las críticas más positivas que ya han salido de la película: que es comiquera (ahí están los alcances con All Star), que es alegre (ahí está el entusiasmo de Gunn), que es colorida (ahí está el esfuerzo de Braham) y así con un etcétera que, realísticamente, en realidad tampoco es tan largo. Esto responde a la simple razón ya esgrimida, que es que la película cumple a cabalidad con hacerse responsable del espíritu matriz de Superman. Ojo que eso no la hace ni de cerca la película definitiva del personaje ni nada similar, eso lo hizo Donner hace casi cincuenta años con su versión del personaje. A propósito, aprovechemos este punto para hablar estrictamente de cine.
El peso del cine

Cuando Donner hizo su película, trabajó en calidad de guerrillero. No es que tuviese pocos recursos, pero si filmaba como si tal. Y se nota. Al mismo tiempo, hay toda una serie de trucos prácticos propios de la época que le dan un valor agregado al filme de 1978 que aquí simplemente no están. Obviamente no se espera que Gunn salga con la misma magia práctica, pero sí que use sus recursos para sacarse alguna sorpresa narrativa del bolsillo. Mal que mal, es Superman, no un superhéroe cualquiera de segunda categoría. Y como se mencionó anteriormente, lo que hace Gunn en términos creativos es escuálido. Si podemos hablar de Gunn como un autor, sería meramente en términos de tono. Tiene una sola tecla y la toca bien, porque es lo que sabe hacer. No la toca ni de cerca tan bien como en The Suicide Squad (2021), pero se defiende en el campo que sabe manejar. Controla el ritmo como pocos, se saca secuencias de acción muy por sobre la media y hay más de algún momento emocional particularmente bien logrado, pero nada de esto lo hace avanzar realmente como director.
Podríamos decir que, de las tres, es la película fundacional de Superman que menos cine tiene.
Por ahí también se asoma algo del corazón de For All Seasons. Uno de los momentos más serios, pero a la vez algo mutilados por la voracidad en el pulso del guión. Aquella que pudo haber sido una escena particularmente gratificante desde lo emocional, termina coartada por la velocidad en la que avanza la película, nada más Gunn que eso. Lamentablemente, no es muy distinto lo que se puede decir del bullado Krypto, que viene y va. No tiene mayor peso. Lo mismo con algunas secuencias de vuelo, son interesantes, pero las que están filmadas como para llegar a provocar vértigo son un total de: una.
Lo que se podría decir que escapa de las simplificaciones extremas de Gunn es Luthor. Es lejos lo mejor de la película, y no solo por la actuación de Nicholas Hoult, sino también por como está escrito, se entienden rápidamente las motivaciones y, si se llega con cierta mochila de cómics, el personaje agarra una dimensión insospechada.
La Superman de Gunn es, ante todo, una película que entiende a su personaje, eso funciona bien y no hay quejas sobre ese aspecto, salvo el carácter básico (literalmente básico, nunca mejor dicho) en la forma en la que se aplica. El problema es que todo el resto es tan genérico que parece perfectamente intercambiable ya sea o por otros filmes de superhéroes o por otros filmes del propio Gunn (entiéndase particularmente los de Los Guardianes de La Galaxia).
Con todo, no se puede negar que existe un piso de calidad claro y que, si Gunn efectivamente será el encargado del resto del universo DC, entonces está en manos que, por lo bajo, se pueden decir responsables. Solo falta despeinarse un poco y buscar algo que decir con los personajes. Arriesgarse. Como canta Bad Religion: Break all the fucking rules and go to hell with Superman and die like a champion, yeah-hey!
Superman se estrenará en Chile el jueves 10 de julio.
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