Tras un apabullante éxito de Jurassic World Dominion (Colin Trevorrow, 2022), que se supone que venía a cerrar la saga jurásica iniciada por el maestro Steven Spielberg en el ya lejano 1993, era natural que a Universal Studios se le encendieran los ojos en búsqueda de una nueva forma de exprimir la marca. El resultado: Jurassic World Rebirth (Gareth Edwards, 2025).
¿Qué trae esta nueva entrega? Desde un punto de vista que en realidad no es tan cínico como puede parecer a simple vista; poco. En un espíritu que formalmente empalma con Jurassic Park: The Lost World (Steven Spielberg, 1997) y Jurassic Park 3 (Joe Johnston, 2001), la franquicia vuelve a dejar a un grupo de personajes desamparados en una isla de dinosaurios salvajes. Pocas ideas nuevas. De hecho, no hay prácticamente ninguna. Si hay muchas repeticiones de, más que ideas, recursos y exploraciones que habían adoptado -de manera mucho más exitosa- las entregas anteriores: familias rotas, aforismo versus humanidad y muchos set pieces. La fórmula de cualquiera de las cinco películas desprovistas de la visión y atención de Spielberg.
La dupla creativa que saca fricciones en pantalla a lo largo de los ciento veintisiete minutos que dura Jurassic World Rebirth está compuesta por Gareth Edwards en la dirección y David Koepp en el guión. Hay que reconocer el valor de Edwards como autor, al menos en el plano de ejecutor de blockbusters. A cargo de guiones ajenos mejores o peores, ha demostrado ser capaz de sacarle brillo y nuevas perspectivas a múltiples plasticidades del cine pop a veces sobre utilizados, cuando no derechamente clásicos que vienen acompañados de su propia forma de ser filmados, como el Imperio Galáctico o el mismísimo Godzilla. En general, se discute a Edwards como uno de los buenos directores insertos en la estirpe más palomitera de la industria del blockbuster, con particular énfasis en su capacidad para controlar el sentido de la dimensión y la perspectiva.

Naturalmente, la pregunta del rigor es cómo está aplicado eso en Jurassic World Rebirth, y la verdad es que de manera bastante escuálida y pobremente lograda. No es necesariamente algo de lo que culpar a Edwards, pues, sin duda, de lo que más sufre el filme es de lo muy infra pensado que se siente el guión de Koepp. Por ponerlo en términos sintéticos: Edwards hace lo que puede. No es spoiler, pero la trama está estructurada de tal forma que los personajes se tengan que enfrentar de manera muy episódica con distintos tipos de dinosaurios, generando una estructura que emula un tanto a las de los videojuegos (con jefe final incluido). Más que pasar como un guión delicadamente dosificado, pasa como uno torpemente estratificado y de conexiones levemente innaturales.
Estos problemas de guión terminan por perjudicar el pulso general del filme. Jurassic World Rebirth sufre de un ritmo tanto problemático como irregular y desordenado. La falta de énfasis en algunos personajes hace que sus respectivos momentos climáticos generen un interés sustancialmente inferior de lo que deberían en la audiencia. Era algo palpable en la sala.
Sin duda, el mayor pecado de Jurassic World Rebirth curiosamente no es recaer en la nostalgia barata tan propia de los productos cinematográficos franquiciados de hoy (de la que Jurassic Park, o más bien World, no es exactamente libre). Más bien es el reciclaje de recursos ya previamente probados. Pareciera que Koepp fue a buscar ideas en las grietas y oportunidades de calco de las películas antiguas antes que en una mirada hacia el futuro. Incluso hay una escena tomada de la novela original de Michael Crichton que la película original había desechado. No está de más, no es una mala idea per se, pero habla de la obsolescencia creativa de la franquicia. Y esto ni siquiera entrando a discutir los “postulados” políticos o científicos que la película tan pobremente plantea. Las dos películas anteriores habían intentado instalar una suerte de debate serio (con escasa suerte, hay que reconocerlo). Esta ya derechamente parte de base desechando la idea. Es como una novela de Conan Doyle o Verne, pero sin ninguna atención al detalle o la construcción de un fondo desde donde cultivar un subtexto. Pura superficie.

Excusas para historias de gente enfrentándose a monstruos gigantes habrán siempre, sean dinosaurios o no. Obvio que por aquí se parte con particular atención y ventaja al ser parte de la saga de Jurassic Park, pero ejemplos de películas tan carentes de dirección como Jurassic World Rebirth deberían hacernos reflexionar sobre si realmente necesitamos más historias así. De hecho, fuera de los postulados plagiados por Koepp, hay poco y nada que una a esta entrega con el resto de la saga. Podría ser una película aparte. No es poco lo que recuerda, por ejemplo, a una historia de aventuras como lo es la King Kong de Peter Jackson (2005), aunque naturalmente sea una comparación poco benévola, pues la película de Jackson es rotundamente mejor (y, por cierto, ese T-Rex es bastante más carismático que este).
Más que cultivar expectativas por mejores películas, sería más óptimo cultivar expectativas por mejores ideas, y por sobre todo, más frescas y novedosas. Está de más decir que la presencia de Koepp, al menos en esta forma de trabajo, le hace un flaco favor a la franquicia. No debería seguir. Y siendo honestos, Edwards tampoco está en su mejor forma, no es particularmente inventivo. De hecho, hay por ahí cerca del clímax (la mejor parte, por cierto) un recurso reciclado de su Godzilla (2014) que deja una muy mala imagen de las capacidades creativas del director. Incluso, el plano en cuestión puede auto-spoilearse para quien haya visto esa otra película muy superior que es la Godzilla de Edwards. Como sea, en un contexto de clara sequía, me permito citar a Charly García señalando que quizá sería mejor “imaginar a los dinosaurios en la cama”.
Jurassic World Rebirth se estrenará en Chile el próximo jueves 3 de julio vía Andes Films.
