Escrito por Felipe León
Para 1957 Violeta Parra contaba con una extensa carrera como folclorista, habiendo tocado en el restaurante ‘El Popular‘ ubicado en la calle Matucana, o bien formando un dúo junto a su hermana Hilda llamado Las Hermanas Parra, entre otras cosas. Sin embargo, sus constantes investigaciones criollas en dicha década la llevarían a ahondar en todo tipo de sonidos locales, los que a la larga se trasformarían en su álbum, ‘El Folklore de Chile‘.
También conocido como ‘Canto y guitarra‘, este trabajo marcaría el inicio de una seguidilla de obras que explorarían la riqueza musical de estas tierras. Más que un compilado, funciona como un semillero de formas musicales que poblaban en aquel entonces el país, sin la notoriedad merecida, profundizando en estos sonidos, acercando su valor cultural a la gente, y quitando los estereotipos que en muchos casos alejaban nuevos escuchas.
Canto y guitarra
A la vez que liberaba este disco, grabado luego del retorno a sus tierras tras un paso por lugares como la URSS o Francia, Violeta Parra ofrecía un proyecto con la cualidad de educar sobre distintos fenómenos folclóricos. Desde vals y tonadas hasta polka, refalosa, o canto a lo divino, son muchos los acercamientos a las raíces que aporta el disco, contando con piezas cedidas de otros autores como composiciones populares del imaginario colectivo local, y por supuesto, su propia cosecha.
La cultora reúne un total de 17 canciones dividas en dos lados de 9 y 8 piezas respectivamente, condensando su enorme capacidad como intérprete, al instante de transmitir el valor y la riqueza de la música que venía del campo. Parte del encanto fue unir la herencia de antaño usando únicamente una guitarra y su voz.
Esta primera colaboración de muchas otras junto al Sello Odeon, amplificó los alcances de la artista en la población, siendo un material de estudio y deleite que persiste por su grandeza. La zona central retratada por una Violeta en la plenitud de sus proezas, que hizo de la memoria la verdadera protagonista de todo el asunto, a través de una obra invaluable como ‘El Folklore de Chile‘.
Un canto contra el olvido
Muchas son las piezas cedidas por distintas personas que fue conociendo, ya sea artistas o sus familiares, las que en su mayoría retrataban temas cotidianos, amorosos y religiosos. El cómo fueron llegando estas composiciones a Violeta Parra se debió a su propio interés, puesto en marcha en concordancia con los nombres que iban apareciendo en su camino.
Por ejemplo, las notas del disco -ya descontinuado- cuentan como Florencia Durán de Buin ayudó a la cantante a encontrar tesoros como «La inhumana», «Son tus ojos», «El sacristán» y «Ausencia». Por otro lado, «Es aquí o no es aquí» y «No habiendo como la maire» fueron informadas por Mercedes Rosas, viuda de Sánchez, proveniente de Barrancas, mientras que «Las naranjas» fue cantada por Lucrecia Aguilera, pariente lejana de su madre.
Cada canción en ‘El Folklore de Chile‘ tiene una historia detrás, que adorna todavía más el contenido sonoro. Desde «Verso por la sagrada escritura» que fue cedida por el cantor de velorios de Santa de Pirque, Emilio Lobos, hasta «Verso por saludo», ambas utilizadas en el campo para despedir a los niños fallecidos.
Del mismo modo, Violeta Parra compondría «Verso por despedida a Gabriela Mistral», tras el deceso de la reconocida poetisa y educadora, y le dedicaría «Verso por la niña muerta» a su propia hija, muerte ocurrida por esos años.
El disco es un audaz cruce de homenajes y tradiciones, transformado en un canto contra el olvido. Todo un retrato de Chile y de sí misma.
