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Misión Imposible. La Sentencia Final: Un último vals distinto

Quisieron que pasara piola, pero no. La que originalmente sería la segunda parte del proyecto ‘Dead Reckoning’ terminó convirtiéndose en Final Reckoning (La Sentencia Final). Título con el que se pondría, teóricamente, el broche de oro del reboot de la saga Misión Imposible liderada por Tom Cruise, que partió hace ya casi tres décadas con la primera película de De Palma en 1996. Esa es la película que se estrena próximamente.

 

La saga, como cualquier otra, fue capaz de instalar algunos códigos y patrones que la harían reconocible como producto de autor en este mundo atropellado por blockbusters de acción deslavados. No fue fácil ni rápido. Alguna vez la gracia de la saga fue que cada película contaba con un director distinto, y no fue hasta Misión Imposible: Nación Secreta (2015), con la llegada del director Christopher McQuarrie, que se empezaron a atar algunos cabos para darle un cuerpo más centrado a la saga.

 

Hasta antes de Misión Imposible: La Sentencia Final, ya existía un cuerpo de trabajo de tres películas más o menos en la misma sintonía, que a diferencia de la nueva entrega, contaban con la libertad de pasar como meros capítulos. Alguna exuberancia peligrosa de Tom Cruise habría, eso seguro. Múltiples escenas de acción exitosamente ejecutadas también, garantizadas. Y la dirección de McQuarrie pondría todo en orden. Sigue siendo una saga de garantías en cuanto a calidad y creatividad, totalmente.

Lo que cambia en La Sentencia Final es el nivel de la apuesta. No tanto estilísticamente ni técnicamente, sino temáticamente. La trama es de una ominosidad digna de la ciencia ficción más apocalíptica y la película se comporta como tal: all-in. Siempre. Los set pieces grandes (que realmente son dos) son ominosos y de una autoimportancia inédita no solo para los temas abordados en la saga, sino incluso también para el lenguaje cinematográfico de McQuarrie. Más de alguna secuencia hace levantar la ceja. Recuerda mucho al cine de James Cameron: mucho en juego siempre y con personajes peleando por algo mayor a lo que ellos son siquiera capaces de dimensionar.

 

Existen, eso sí, lo que podríamos denominar como algunas traiciones al espíritu de la saga. Las películas de Misión Imposible siempre transcurrieron en una especie de ciencia ficción cortoplacista en la que los personajes hacen uso de gadgets de existencia teóricamente posibles, pero que en la práctica se imaginan como imposibles. Es parte de las reglas del juego estilizado de la saga y está bien. En La Sentencia Final hay pocas de esas sorpresas ingeniosas. También, y esto es particularmente negativo para lo que habían logrado construir, aunque efectivamente sí existe ese trabajo en equipo con un grupo muy carismático, los personajes que no son Ethan Hunt (Tom Cruise) ni sus antagonistas pasan a un rol más bien secundario y subordinado.

 

Al mismo tiempo, hay una buena cantidad de metraje invertido en hacer referencias a películas anteriores. A veces en el mismo guión con giros retro continuos que transforman a algunos personajes dándoles otra dimensión (que no siempre sale tan bien) y otras tantas, literalmente, recordando películas anteriores con imágenes de estas. Es extraño que una película que juegue tanto en sus propias reglas sea tan consciente de las reglas de las entregas antiguas. Incluso, por qué no decirlo, llega a dar algo de nostalgia por esos capítulos de la saga en los que no había tanto en juego. Cuando lo más importante era el ejercicio puramente cinematográfico, aunque este fuera pura entretención, igual. Hay poca entretención masiva que llega a este nivel. Ese tono “Endgame” de La Sentencia Final es una de las cosas menos logradas, lamentablemente.

 

Muchas críticas han apuntado a que la película parte complicada, que le cuesta el primer acto. Otras tantas señalan que el tercer acto es el débil, que la acción se pasa para la punta hasta transformarse en una Rápidos y Furiosos. Siendo justos, ninguna de estas observaciones es exactamente cierta. Si es cierto que la primera mitad construye su tensión más sobre conversaciones que sobre la acción. Y es entendible que exista una parte de la audiencia que espere una acción más inmediata y continua. Aunque, de nuevo, siendo justos, no es exactamente el tono en el que tradicionalmente se han movido las entregas de Misión Imposible.

Algo que sí se puede decir sobre esta falta de acción es que, claro, se esperaría que al ser la última película, haya una actitud más de tirarlo todo por la borda. Ser chabacana. El último vals, la última oportunidad para decir “a lo que vinimos”. Las películas de Misión Imposible tenían su actitud, y no solo las de McQuarrie. Hay gente que habla de Cruise como un cineasta de igual peso (en su calidad de productor). Al fin y al cabo, es el que pone el dinero y el pecho a las balas para que las películas existan y funcionen. Da la vida por nuestra entretención (y la plata que invertimos en ella). No significa que haya que agradecerlo, tampoco significa que haya que exigirle que lo siga haciendo. Solo significa que uno está en condiciones de esperar que se mantenga un tono que ya estaba establecido.

 

Entonces, si, afirmándose de esto último, quizá ese último vals puede ser algo insuficiente. Aunque las dos set pieces son brutales. De lo mejor en la historia de la saga. Pero dos golondrinas no hacen la primavera, por muy grandes que sean. La despedida de algunos personajes quedó un poco al debe y, sinceramente, hay algo de la ominosidad épica del final que se siente un poco autoimpuesta. Para ser el gran final, pudo haber estado más equilibrado.

 

Sin duda extrañaremos la saga: los códigos, los personajes, el equipo, las interacciones. Es un espíritu completo el que se va. Aunque igual seguro que se mantiene en el matrimonio Cruise-McQuarrie, que podría dejarnos más películas fuera de la saga. Mal que mal, aún con la edad de Cruise, sigue siendo capaz de echarse estas películas al hombro. Es una estrella que llena la pantalla (y las salas), trabaja con pocos productores y le gusta el riesgo. Seguro que mantendrá proyectos de este calibre. Será el final de Misión Imposible, pero la llama creativa sigue encendida y en buenas manos.

 

Misión Imposible: La Sentencia Final se estrenará el próximo 22 de mayo vía Andes Films.

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