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Beat en Chile: El rugido del elefante

Escrito por Nicolás Merino

Fotos por Aarón Castro

Beat es esta especie de homenaje o auto tributo a King Crimson compuesto por Adrian Belew, Steve Vai, Tony Levin y Danny Carey. Sí, con dos músicos de King Crimson en las filas, de ahí lo de “auto tributo”. Ahora, ¿cuál es la gracia particular? Al contar con la presencia de Belew, el proyecto puede enfocarse en la época ochentera del proyecto. Es decir, de los discos Discipline (1981), Beat (1982) y Three Of A Perfect Pair (1984).

 

Los “invitados” no son accidentales, y si lo son, entonces la respuesta musical está lejos de serlo. En cuanto a Carey (Tool), se trajo toda su brutalidad y peso del metal. Salieron por ahí varias cosas que excedían un poco las reglas de las convenciones en la música de King Crimson, como el uso del doble pedal, algunas aceleraciones al doble tempo y más de algún truco que descarrilaba un poco el carácter apaciguado de las canciones seleccionadas. En particular las del Beat, un disco que no le hace nada de asco al new wave y a sus convenciones más poperas.

 

Por otro lado, enfilar a Steve Vai tampoco es un acto gratuito, el virtuoso sabe a lo que va y no tiene problema en reclamar protagonismo cuando lo desea. A veces cuando la propia música original de King Crimson lo obliga a llegar hasta allá, pero también otras veces cuando la energía de las interpretaciones lo empujaba a sacar su destreza más loca. No solo en términos de complejidades convencionales, sino también de múltiples trucos sonoros; juegos con pedales, pastillas, cuerdas y así.

El primer puntapié fue ‘Neurotica’, del Beat (la “distitnta” de ese disco, digámoslo), que inmediatamente estableció más de alguna regla respecto a cómo funcionarían la química y los arreglos entre los músicos involucrados. Un gran caos conlleva una gran responsabilidad. Pero esa responsabilidad, más que estar ahí para asegurar que nadie meta la pata, también está para presentar la actitud con la que se manejaran los músicos. Y del primer minuto que quedó claro que primarían las libertades y la actitud. Valga la estúpida redundancia, sería neurótico. Todos portarían un pase para salirse del libreto.

 

Fue el caso de ‘Neal and Jack and Me’, también un ir y venir de sonidos dispares que chocan sobre esta base ordenada y popera que es el King Crimson de los ochenta. En el resto del primer tiempo, se vio una especie de vaivén entre las canciones presentadas como tal y las improvisaciones. Muy a la King Crimson todo, por supuesto. Bases rítmicas que se contraen con la presión de algún instrumento que tensa la música hasta a punto de obligarla a reventar. Eso sí, eran más las canciones del Discipline las que permitían estas salidas de libreto. Que por cierto, ni siquiera son tal, no son exactamente salidas de libreto. Van muy acorde a lo que es la experiencia King Crismon en vivo.

 

El primer tiempo del partido estuvo bastante centrado en el disco Beat, aunque de nuevo, a veces usando estas canciones como excusas para otro tipo de alcances y búsquedas. En este caso, apuntando a las facultades que admitían la improvisación y el genio de los músicos.

Cerca de la hora de música llegó el entretiempo, unos veinte minutos de pausa que fue reanudada con la apaciguada ‘Waiting Man’, que se mezcló a punta de improvisaciones con ‘The Sheltering Sky’ y ‘Slepless’. Luego llegó el momento de una de las pocas canciones que podríamos considerar como “hit” dentro del repertorio: ‘Frame By Frame’. De aquí en adelante, el concierto de Beat agarró otra tónica, un poco más centradad en el Discipline y en el rock progresivo propiamente tal. Y no en cualquier progresvio, sino en aquel particular de ese disco, que es tan rítmico y obtuso. Es la tónica que tomaron canciones como ‘Elephant Talk’.

 

Punto aparte para hacer referencia al genio de Levin, aparte de un CV envidiable (tocó bajo en un disco de Lennon, nada menos) y una especie de leyenda viva, también toda una personalidad en vivo. Menos performático y agresivo que sus compañeros, su precisión le daba toda un aura totalmente única. ¿Quién más se mueve así por un stick? Sus manos parecían las de alguno de “Los Ellos” de El Eternauta (aprovechemos la moda para sacar esta referencia). Alguien que sabe lo que hace con música que, de nuevo, está un poco hecha para él. Esa es la tónica de Discipline. Incluso, sin despojarse de cierta ternura, se tomaba el tiempo de sacar fotos.

El cierre falso llegó con la locura neurótica de ‘Indiscipline’ (sí, I repeat myself when under stress, esa), con un Belew completamente arriba de la pelota, gritando y saliendo de libreto cuando lo estimaba necesario. Lo mismo Carey, y al final lo mismo todos. Fue una locura, valga redundancia y el chiste estúpido, bastante disciplinada. Una especie de cierre perfecto aún cuando obviamente no era el cierre final.

El bis de Beat estuvo compuesto por la sorpresa de ‘Red’, una que no es del King Crimson ochentero y la agitada ‘Thela Hun Ginjeet’, del Discipline, que sacó a más de un alma a bailar y le dio un cierre perfecto al concierto.

Lo de Beat en Chile traspasa las interrogantes convencionales del estilo de ¿es un tributo?, ¿es una banda propia?, ¿es una nueva encarnación de King Crimson? Beat es Beat y lo que más se demostró es que en una circunstancia así manda la música. Aún con la parafernalia que sacaban algunos músicos, esta igual era puramente musical, así que quedamos donde mismo. En general es un lujo ver a músicos de este nivel sobre el escenario, y mejor aún si están tocando esos temazos de King Crimson. Sin duda, una instancia para el recuerdo, que seguro que se repetirá, pues esta fecha fue con distancia la más concurrida de la gira. Volverán, seguro que si.

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