Live Reviews

Hesse Kassel en Matucana 100: Ejercicio de descontrol

Escrito por Antonia Hernández
Fotos por María José Muñoz

Hesse Kassel y Scott y Los Pelmazos, en su particularidad emocional y expansividad creativa, contiene en su música lo que se podría llamar ‘angst generacional’: aquella sensación envolvente de ansiedad, ira, miedo y desasosiego ante un mundo en crisis. Una angustia que no es sólo individual, sino compartida por quienes, desde la fragilidad de ser humanos, débiles y temerosos, pero no sin fuerzas, intentan habitar lo desconocido sin perderse del todo en el camino.

SCOTTY

Es por esto que, el ambiente nocturno de este viernes en Matucana 100 estuvo marcado por el ímpetu joven que se esconde tras los miedos y deseos de una nueva generación que domina la escena indie nacional. Comenzando así com Scott y Los Pelmazos, quienes, sin necesidad de excesos ni pretensiones, lograron encender el ambiente desde los primeros compases.

Con su característico saxofón encantador, ritmos incansillables en un género y con una lengua fina que se mueve con soltura entre la poesía y la observación aguda, el grupo entregó una presentación breve pero sólida, que dejó en claro por qué ha comenzado a llamar la atención en la escena local. Lo suyo no es una apuesta por definiciones cerradas: Scott y Los Pelmazos ofrecieron canciones de su repertorio desde sus primeros singles como “Naftalina” o “Santa Inés”, hasta aquellos lanzamientos más recientes parte de su primer EP ‘Scotty Tape 01‘.

“Nunca es tarde” y “Manifiesto” se sumaron al show, incorporando el fuego y la potencia en la cotidianidad por medio de líricas habladas y rap ecléctico, demostrando parte del encanto de la agrupación y su versatilidad. Se trató de una apertura acertada: experimental y vibrante con lo mejor del rap-jazz con elementos ciertamente punk; una bienvenida musical que dejó a la audencia con energía y curiosidad encendidas, listos para recibir la intensidad catártica de Hesse Kassel.

HESSE KASEL

Con un público joven, pero no heterogéneo, la presentación de Hesse Kassel comulgó su ya característico post-rock con el ingenio y carisma de un grupo que respira y vibra en constante movimiento. Un colectivo humano particular y ecléctico, tanto de músicos como audiencia, formado tras los andares inciertos y post-pandémicos de la música nacional.

Abriendo con “GOAT” y repasando parte de su primer álbum con canciones como “Anova” y “Moussa”, la presentación, que contó con un acotado setlist de siete canciones y una precisa duración de poco más de una hora, estuvo marcada por la tensión trepidante entre la desesperación de un sonido visceral y la calidez de los pasajes meditativos de la banda. Seis músicos ciertamente virtuosos compartiendo en el escenario, simple y sin mucha decoración.

Y es que, la familiaridad del público con Hesse Kassel no suprimió el respeto, y aún entre el carisma y la dinámica lúdica de los miembros de la banda —con la energía incontenible en los gritos de Luca Cosignani y la voz monótona pero sumamente efectiva de Renatto Olivares— lo que se vivió fue la constatación de un fenómeno que ya no se limita a la promesa, la banda ya una realidad consolidad dentro de la música chilena.

Punto cúlmine

Entre la euforia compartida y la escucha atenta, la segunda mitad del show se elevó con dos de las piezas más celebradas de ‘La Brea‘. Primero, “Postparto”: un ejercicio de descontrol armónico que, con más de diez minutos sin pausas —salvo las deliberadas—, construyó una espiral sonora que convirtió en catarsis lo kafkiano y contrariante de la experiencia vital.

Sin encasillar esa emoción sin nombre, pero con ritmo, llegó entonces “Vida en Terranova” para cerrar la noche, a tan solo unos minutos de las 23:00 hrs, en una nota certera y definitiva. Una jornada que condensó, de principio a fin, aquello que tantas veces hemos escuchado a la agrupación entonar: “así se vive la vida, en base a la banda, la gente; Hesse Kassel”.

 

Antonia Hernández

Escritora aficionada, fanática de las películas de terror y la música triste

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