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A 20 años de ‘Robyn’: La impronta rebelde del electropop homónimo

Escrito por Felipe León

Un día Robyn decide cortar relaciones con la discográfica Jive Records, tras sentir decepción y presión por la forma en que se habían dado las cosas entre ambas partes. Su álbum ‘Don’t Stop The Music‘ (2002), enfocado al costado dance del R&B, le pareció más un compromiso contractual que una representación leal a sus intereses creativos, alegando además que la campaña de marketing por parte de la empresa fue presentarla al público estadounidense como la próxima Christina Aguilera.

En los albores de una nueva etapa, un hecho cambiaría su rumbo e influiría en sus próximos pasos a seguir. Conocer la música de The Knife, que ya contaba con el interesante debut homónimo y el formativo ‘Deep Cuts’ (2003), la inspiró a tomar decisiones trascendentales: fundaría su propio sello, Konichiwa Records, y lanzaría un disco titulado simplemente ‘Robyn‘ (2005).

La impronta rebelde del electropop

Se puede considerar a este trabajo como una declaración de principios de lo que representa Robyn. Una artista dispuesta a lograr que la frase «a su manera» cobre total sentido, porque la influencia del electropop se apodera del registro y lo hace bajo sus propios términos, acuñando con clase y proposición influencias que van desde el dance-pop al electroclash.

La libertad que le otorgó poder realizar este trabajo a su manera, desencadenó una serie de elecciones que llevaron a explorar variantes elementales en su sonido, partiendo por la disposición vocal. Lo melódico y accesible en su voz se torna acelerado, enérgico y rebelde, viéndose reflejado en los cantos algo rapeados que alborotan el sentido pop de música.

Por otro lado, el dinamismo provocado por la suma de sus canciones, adquiere tonalidades pulidas y sucias; referencias futuristas arraigadas a su presente. Contexto en el que habitan capas sonoras que giran en torno a una producción compresa, aprovechando la oportunidad de generar todo tipo de instancias rítmicas, punzantes, digitales y bailables, capacitadas para tomar el protagonismo con el fin de volver el viaje de lo más estimulante.

Detonante de lo crucial

No solo encantaría todavía más al público de Suecia y Noruega, hito localizado y relevante que alcanzaría por primera vez el número uno en sus listas, sino que irrumpiría con logros en el mercado del Reino Unido. Algo que salta a la vista desde el principio con piezas como «Who’s That Girl», «Handle Me» y «Robotboy.

Robyn‘ se muestra imparable, desde la narrada apertura «Curriculum Vitae» con Swingfly, o la triada de «Be Mine!», «Crash and Burn Girl» y «Konichiwa Bitches«. A estas altas alturas himnos icónicos de su carrera, que junto otras como «Eclipse» o «Any Time You Like», conforman uno de los testimonios de autor más relevantes de la década en el pop, existiendo una versión internacional igual de meritoria que apareció días después, la que trae hits como «With Every Heartbeat» junto a Kleerup y «Cobrastyle».

Los 5 años restantes fueron cruciales para Robyn, considerando su cooperación en ‘Blackout‘ (2007) de Britney Spears con «Piece of Me» (otro disco gigante del electropop más dance), o el arribo de otro álbum relevante en su trayectoria como ‘Body Talk‘.  Y este homónimo fue el detonante de aquello.

 

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