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Evaristo Páramos en Chile: Nuestra Única Revancha

Escrito por Nicolás Merino
Fotos por Aarón Castro

La vuelta de Evaristo a Chile inevitablemente obliga al público a toparse con la vergonzosa experiencia del mutilado concierto de La Polla Records que tomó lugar en Chile durante febrero del 2020. Sí, es lo primero que hay que afrontar. Se perdió la oportunidad de celebrar la despedida de La Polla Records en grande. Quedan opciones como esta, que claramente no están nada mal. Evaristo Páramos solista tocando canciones de todos sus proyectos: La Polla Records, Gatillazo, The Kagas, The Meas y Tropa Do Carallo. Ahora, ¿cómo salió? De eso se trata este texto.

Cuando el In-Edit proyectó el documental de La Polla Records, No Somos Nada (2021), las funciones generalmente se llevaban un aire helado en la escena de los planos aéreos del Estadio Bicentenario de La Florida. Había vergüenza en el aire, y también unas ganas infantiles de que volviese a presentarse alguna oportunidad de ver a La Polla Records. Lo más probable es que eso no pase nunca, pero de nuevo, si se pueden dar oportunidades como ver a Evaristo Páramos en vivo. Habrá que aprovecharlas.

De hecho, la venta de entradas para este proyecto fue todo un éxito instantáneo. Dos fechas en el Teatro Caupolicán llenas no es un logro menor. Como dicen por ahí; “se juntaron el hambre y las ganas de comer”. Era la oportunidad de una revancha y la de, sencillamente, reencontrarse con el autor de esas canciones clásicas.

Cerca de las 20:50 horas, el concierto dió su primer puntapié, cómo no, con una canción de La Polla Records, ‘Nuestra Alegre Juventud’. Le siguió ‘…O Esclavos’ y una serie de canciones que se iban armando y desarmando en un vaivén muy propio del punk rock y, cómo no, de los proyectos de Evaristo en vivo. A veces los temas iban pegados como si se tratase de un medley, otras simplemente distanciados por un par de segundos (algo ramonero). El que entendía, entendía.

Si algo quedó establecido desde las primeras incursiones es que el público se trataba de uno estudioso. Nadie estaba ahí pretendiendo emular la experiencia de un concierto de La Polla Records, primero porque la distribución del setlist no lo hubiese permitido, y segundo, sencillamente porque el nivel de la audiencia demostró rápidamente ser bastante letrada en la carrera de Evaristo. Se podría correr el riesgo de decir que absolutamente todas las canciones se llevaron un amplio coreo, incluso para el caso de las de Tropa Do Carallo, que debe ser su proyecto menos conocido (además del más nuevo).

Ahora, esa clave no necesariamente condicionó el concierto al punto de convertirlo en una instancia nerd o dedicada exclusivamente a fanáticos acérrimos. En general se habla poco de las facultades de Evaristo Páramos como showman, desde los primeros días de La Polla Records hasta la actualidad. Y ser un buen showman incluye saber construir narrativas a partir de los setlists. No por nada los discos en vivo de La Polla como La Polla En Tu Recto (1998) o Vamos Entrando (2005) tienen el factor clásico en su construcción. Son setlists que cuentan historias, a lo Springsteen.

Y en cuanto a la performance misma de Evaristo, solo se puede celebrar. Tiene el factor caricaturesco, irreverente e inocente de siempre, pero también una capacidad inaudita para asaltar al público con su desplante y actitud. Un punk hecho y derecho, que incluso va contra sí mismo y su figura mesiánica. No le interesa, se ridiculiza antes de presentarse como estrella de rock. Un personaje en sus propios méritos y reglas.

Hay que aclarar algo para una mejor comprensión de este texto. Fueron cuarenta y dos canciones. Está de más escribir que no viene al caso detenerse en cada una a revisar cuál fue su determinado impacto. Por supuesto que algunas fueron recibidas con más entusiasmo que otras, pero en general se podría hablar de cierta uniformidad en el comportamiento del público. Llegaba a parecer que derechamente se las sabían todas. Y, naturalmente, también las pogueaban todas, rápidas o no.

Naturalmente, hubieron momentos particularmente álgidos, que para bien o para mal, generalmente fueron canciones de La Polla Records. Algunos cortes como ‘Igual Para Todos’, ‘No Somos Nada’, ‘La Solución Final’ o ‘Los Siete Enanitos’ encendieron cándidamente la función. Lo mismo con algunos rescates de esa obra maestra escondida que es Nuevos Héroes Del Rock (2002), de The Kagas, como ‘Come Libertad’ o ‘Fan Pikutara’.

En cuanto a Gatillazo, el rescato estuvo principalmente centrado en el disco Siglo XXI (2013). Gatillazo se llevó el honor de presentar los cortes más rápidos y mosheables de la jornada. Todo en una tónica particular, pues Gatillazo igual solía tocar un par de canciones de La Polla en su momento. Parecía que todos los círculos llegaban a cerrarse con este nuevo proyecto solista, que por cierto que comparte más de algún músico con Tropa Do Carallo.

El primer cierre falso llegó con ‘Toda La Puta Vida Igual’, que seguro que despertó algún recuerdo nerd al referenciar directamente el final del disco en vivo Vamos Entrando. Luego de una brevísima pausa, los músicos volvieron al escenario con la icónica ‘Salve’ (con la primera bengala de la noche incluída), homónima del primer disco de La Polla. Los disparos siguieron con ‘Ángeles Caídos’,  ‘Vacaciones en Europa’ y el himno inmortal ‘Txus’, que por cierto que fue uno de los momentos más altos de la noche. Es una canción tan enérgica y simple que su interpretación rápidamente superó varios momentos de la noche apenas empezaron los primeros acordes (todos ampliamente coreados, por cierto). Luego llegó el segundo final falso con una de las reposadas de Tropa Do Carallo: ‘7000 Millones…’.

El último bis partió con la acelerada ‘Carne Pa La Picadora’ (también otro clásico inmortal). Le siguieron otras machacantes como ‘Vente A La Mierda’ y ‘Esclavos del Siglo XXI’. Ya el cierre definitivo llegó con, cómo no, ‘Ellos Dicen Mierda’. Probablemente la canción más popular de todo el repertorio de Evaristo Páramos, eternamente coreada en los más múltiples contextos. De hecho, quizá derechamente sea la canción más popular de la historia del punk en español. Y bueno, naturalmente, el público actuó en consecuencia. Se encendió otra bengala y, aunque el cansancio se hace notar cuando ya se llevan cerca de una hora y media de concierto y cuarenta y dos canciones (sí, cuarenta y dos), todos cantaron  al punto de llenar acústicamente la cúpula del Caupolicán. Fue un momento bastante lindo.

Mal que mal, y aún considerando los antecedentes que contextualizar este concierto, al final terminó resultando algo más que una revancha. Bastante más, de hecho. En parte por el virtuosismo mismo de Páramos y su banda al desplegar tremendo show, pero también por el compromiso del público en hacer esta una gran jornada. Esperemos que se repita.

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