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30 años de ‘Wowee Zowee’: El disco que acrecentó la mitología de Pavement

Escrito por Felipe León

El ascenso creativo no siempre va de la mano con el éxito comercial, pese al valor histórico que muchas veces estas creaciones puedan tener. Pavement es un buen ejemplo de aquello, pues en plena década de los 90’s tras haber generado un sismo en el underground del rock alternativo, con consecuencias claras hasta la fecha, la gloria les fue esquiva, algo que de algún modo sus miembros sabían y aceptaban.

Una muestra de esto fue el lanzamiento de ‘Wowee Zowee‘ (1995), una obra caótica, compleja, indiferente a las tendencias, e incluso al estatus que los californianos venían cosechando. Algo así como una contradicción del camino que la industria perfilaba en este tipo de proyectos, sobre todo viniendo de un trabajo tan acorde al beneplácito del rock como ‘Crooked Rain, Crooked Rain’ (1994).

Encantador desorden

Mucho se habla que el tercer álbum de Pavement guarda mayor relación con el debut, ‘Slanted and Enchanted‘ (1992) que su predecesor, y en cierta forma es cierto. Vuelta al carácter desprolijo, poco serio, baja fidelidad, ruidoso y extraño, amplificado a un nivel mucho mayor a la hora de concretar canciones.

Tanto la lírica abstracta y evocadora, a ratos incoherente como poética, como el apartado sonoro radical en sus decisiones y caminos a tomar, son puestos a merced de las «locuras» que la banda promueve con total descaro. Pues, en ‘Wowee Zowee‘ abundan las salidas inconexas, los relatos poco claros, los clímax desertados o utilizados cuando menos se espera, como si jugasen con las estructuras y expectativas bajo una actitud anti convencional.

Lo mejor de todo es que la narrativa fragmentada funciona a cabalidad, debido a la totalidad de momentos inspirados que yacen bajo sus escombros. Elementos varios que decoran el lugar de manera estrambótica, al son de himnos improbables que quedan grabados a fuego en la memoria.

Letargo extravagante y volcánico

Con una duración que bordea la hora, el disco se las arregla para manifestarse en plenitud de su gracia, sin ceder a las presiones de ajustarse a tal o cual norma. Aquí la única norma fue ser lo más fieles posibles a lo que era Pavement en esos tiempos, lo que contribuyó en el carácter voluble de su voluntad melódica, disparatada y letárgica, al ras de una identidad sonora marcada por ruidos épicamente impredecibles y una sensación de agotamiento y pesar que resulta cautivadora.

La lírica y canto de Stephen Malkmus expande sus búsquedas, lo mismo la instrumentación detrás que se acopla perfectamente al espíritu radical que impera en su sonido de indie rock, con guiños al slacker rock de su primera obra. Sus 18 canciones firman que la personalidad de ‘Wowee Zowee‘ es carisma y contradicción.

Desde la partida con la delicada «We Dance», la eufórica «Serpentine Pad», la ganchera «Grave Architecture», la explosiva «AT&T»,  o la volcánica «Half a Canyon», el panorama es amplio y enriquecedor por donde se le miro. Y con esto me refiero a ruidoso, surrealista, sarcástico y ondero. Otras piezas memorables como «Rattled by the Rush», Father to a Sister of Thought», «Kennel District» o la inmensa «Grounded», son a estas alturas himnos de este favorito de fans que acrecentó la mitología de Pavement.

RESEÑA PAVEMENT EN CHILE 2024

 

 

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