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A 10 años de ‘Carrie & Lowell’ de Sufjan Stevens: la nostálgica permanencia del amor y el duelo

Escrito por Antonia Hernández

A una década de su lanzamiento y tras numerosos álbumes y EPs, ‘Carrie & Lowell‘ continúa siendo el trabajo más íntimo y desgarrador de Sufjan Stevens— una reflexión profundamente personal sobre su infancia, la pérdida, y las complejidades del amor.

El álbum es una elegía susurrada, una orquesta delicada de memorias, donde Stevens nos canta una ópera fragmentada sobre la pérdida desde las ruinas del duelo, comulgando vocales tenues con frágiles melodías folk.

La historia detrás del disco es, a estas alturas, familiar: ‘Carrie & Lowell‘ surge de la muerte de la madre del artista, Carrie, y de los recuerdos sobre su padrastro, Lowell. Su historia familiar se entrelaza con un relato sútil y emotivo, teñido de nostalgia y atravesado por la ausencia. La infancia de Sufjan Stevens en Oregon estuvo marcada por la intermitente presencia de su madre, cuya lucha contra problemas de salud mental y adicciones sembró una relación compleja, frágil e inconstante, que concluyó en abandono y en una reconciliación sumamente tardía poco antes de morir de cáncer.

Criado en Michigan, sus visitas esporádicas a Oregon, donde residía Carrie, se convirtieron en episodios de incertidumbre y confusión, acompañadas por aquellos atisbos de calidez propios de la niñez.

Momentos volátiles de ternura y dolor

Al revisitar estos momentos volátiles de ternura y dolor, el álbum se alza entremedio de los suburbios de Oregon como una colección de fotografías desvanecidas, recuerdos que resurgen y se disuelven entre un murmullo nostálgico. Sufjan Stevens nos transporta así a la lejanía por medio de referencias a la brisa de Oregon, a la Colina de Spencer, a la mina de Lost Blue Bucket y a otros rincones del estado.

Si bien la ambiciosa saga de los cincuenta estados que alguna vez prometió el artista comenzó y terminó años atrás con ‘Michigan‘ (2003) e ‘Illinois (2005), ‘Carrie & Lowell’ se alza como un tributo inadvertido a Oregon, un álbum donde sus paisajes se convierten en postales melancólicas de la memoria. Algunas de las canciones del álbum fueron grabadas en la misma ciudad, durante una estadía en el Hotel Klamath Falls posterior a la muerte de su madre, las vocales susurradas al teléfono del artista en grabaciones en bruto que conoceríamos más tarde en los demos de ‘The Greatest Gift’ (2017).

En contraste con la grandilocuencia orquestal de ‘Illinois‘ (2005) o la experimentación electrónica de ‘The Age of Adz‘ (2010), ‘Carrie & Lowell‘ se despoja de todo artificio y abraza la crudeza de lo íntimo. Es un álbum minimalista y confesional, donde la producción delicada y ligera permite que cada palabra resuene con la vulnerabilidad de una carta nunca enviada.

Amor y dolor

Los arreglos melódicos giran en torno al punteo de guitarras, un piano intermitente y atmósferas etéreas de texturas ambientales que envuelven la voz de Sufjan Stevens como un eco fantasmal. “Dead With Dignity” o “The Only Thing” encapsulan esta belleza espectral, un sonido que evoca a una confesión susurrada en la penumbra de una habitación o en la quietud de un bosque siempre verde, aislado del ruido de la ciudad, donde la melancolía reverbera como un murmullo persistente en el aire.

Dentro de esta recolección de ensueño se elevan las reflexiones más íntimas que trae consigo el dolor de perder a alguien. En “Should Have Known Better” Stevens llora lo inconcluso, lo que se queda con nosotros cuando no hay a quién expresarlo, “I should have wrote a letter, explaining what I feel, that empty feeling”, lamenta, con la misma desesperanza que revisita en “Eugene” cuando canta: “What’s the point of singing songs. If they’ll never even hear you?”.

La mortalidad, la auto-destrucción de “No Shade in the Shadow of the Cross”, y el caos emocional que la muerte trae consigo recorren el álbum como un remolino de nostalgia. En “Fourth of July”, Stevens reconstruye la última conversación con su madre en su lecho de muerte, un himno profundamente desgarrador que concluye con un eco persistente que repite “We’re all gonna die”, retumbando en la línea delgada entre resignación y conformidad.

Aún así, ‘Carrie & Lowell‘ va mucho más allá de ser un álbum sobre el duelo, pues propone una meditación sobre cómo el amor persiste más allá de la muerte— incrustado en los recuerdos y susurrado en las melodías de la vida cotidiana, perdurando eterno como un fantasma silencioso, acechante y tierno en su devastación sigilosa.

Duelo transformador

El corazón acústico del disco expone la desesperación con una claridad punzante, evocando heridas y memorias enterradas, pero en ese proceso de despojo, de enfrentarse sin velos a la pérdida, logra iluminar también la belleza que se esconde en la vulnerabilidad. Como un resplandor tenue filtrándose entre los bordes del sufrimiento, la música de ‘Carrie & Lowell‘ nos recuerda que incluso en el duelo más profundo existe un espacio para la ternura.

En su momento final y tras su último suspiro, “Blue Bucket of Gold” nos habla de manera inconclusa sobre la búsqueda de apoyo que Sufjan extiende dentro de su desesperación, las referencias religiosas que se encuentran presentes durante todo el álbum reaparecen a modo de un rezo vulnerable— el ser entendido, escuchado, y aceptado. La conclusión no es certera, Carrie vive en la melancolía de las canciones del álbum, y Lowell colabora junto con Sufjan en su discográfica independiente Asthmatic Kitty Records.

Por su parte, ‘Carrie & Lowell‘ no ofrece respuestas definitivas, ni redenciones absolutas, ante todo, el duelo no se resuelve, simplemente se transforma, reverberando como un eco que, aunque distante, nunca desaparece del todo.

Antonia Hernández

Escritora aficionada, fanática de las películas de terror y la música triste

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