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Dromeda florece música entre los escombros con su álbum ‘Solitud’

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Los eventos traumáticos de diversa índole generan sismos en la vida de las personas, promoviendo un torbellino de emociones que se hace difícil sortear. Tales circunstancias son parte íntegra del espíritu que yace tras el álbum debut de Dromeda, lanzado hace solo algunos días bajo el nombre ‘Solitud‘.

Junto a un lanzamiento en vivo llevado a cabo el pasado 20 de marzo en Sala Master de la Radio Universidad de Chile, el proyecto nacido en Santiago confiere uno de los pasos discográficos claves en lo que va del año. Un vistoso retrato sobre las sensibilidades que yacen tras el dolor, la pérdida, la ruptura, o el malestar personal, bajo una lectura musical ya probada por estos lados, aunque planteada de tal forma que resulta imposible eludirla.

Aflorar la belleza entre los escombros

En un viaje que bordea los 48 minutos de duración, la banda encapsula con gracia y elevación una ejecución teñida de melancolía y nostalgia, con la capacidad de aflorar música entre los escombros de una abatida introspección. Todo desde una evocadora forma de encaminar sus atmósferas de ensueño cargadas al dream pop, que va a la par de una fascinación textural con el costado shoegazero del rock.

Una tónica presente en cada una de estas 10 canciones esculpidas con especial cuidado y minucioso tacto, que al seguir el impulso emotivo tras sus líricas se impregna de mayor creatividad. Así, «No culpes al fin» con su luminoso fulgor, la cautivadora vibra de atardecer que promueve «Astrologialma», o la implosiva serenidad de «Mar negro», representan el ideal de búsqueda con el que Dromeda se compromete.

Expansivo pero aterrizado, con guiños tanto a lo accesible como lo misterioso, el grupo sostiene la atención desde el actuar letárgico y conmovedor de su apuesta. Un potente punto de partida que aprovecha al máximo sus potenciales, siendo este trabajo una muestra de tales planteamientos.

Entre lo orgánico y sintético

En ‘Solitud‘ se puede sentir la armonía entre lo orgánico y sintético, entregando espacio a interpretaciones marcianas como en la instrumental «Platano oriental», o bien adquiriendo el pesar con solemnidad en «Inadaptado». Por otro lado, la sostenida nostalgia de «Postales», el ganchero vistazo a la introspección de «Lo que ahora es nada», o la contemplativa brisa sonora de «El ritmo de los tiempos», fortalecen su carácter diverso sin dejar de sonar como Dromeda.

Porque lo más relevante de todo es que logran algo propio, adoptando formas e ideas ya establecidas. Sobre esta lógica se alzan como un nombre a considerar en la escena local, debido al oleaje de virtudes presentes en su sonido, y por supuesto, a la buena escritura de canciones que perdura durante la reproducción, a la par de una producción acorde a sus encantos.

Escrito por Felipe León

«Cuando uno sufre un cambio abrupto en su vida, ya sea una ruptura, un duelo o una pelea con alguien cercano, te enfrentas a un torbellino de emociones. Este álbum refleja esas cuestionantes y cómo, muchas veces, terminamos encontrando consuelo en nuestra propia compañía», explica la banda sobre la temática de Solitud.

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Foto por @fotogalvez

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