Antes de los realces de mediados de la década pasada y antes de tantísimas técnicas de producción que le otorgaron toda una serie de nuevas posibilidades a las más veteranas bandas de thrash metal, Sodom publicó M-16 en pleno 2001, cuando el thrash metal de corte más clásico (y ejecutado por bandas clásicas) pasaba por una considerable sequía de ideas.
Para empezar por esta misma hebra; es un disco considerablemente sólido para el estándar de otros proyectos contemporáneos a Sodom que también siguieron haciendo carrera pasados sus tiempos mozos. Y no solo se trata de un valor basado en lo que podríamos denominar como una virtud aristotélica, pues el disco empuja las fronteras de todo lo que Sodom había hecho antes (sí, incluyendo el Agent Orange). Nunca antes habían trabajado una obra conceptual, y es más, se podría decir que nunca antes habían dado con una obra tan cohesiva y bien trabajada en torno a sí misma.
Incluso, cuando se discute M-16 en relación a otros discos contemporáneos, hasta se podría decir que sale ganando como no lo logra ningún otro trabajo del proyecto, pues tanto -los muy celebrados- Persecution Mania (1987) como Agent Orange (1989) salieron en etapas mucho más competitivas para el thrash metal, reduciendo un poco el valor de sus aportes. Pero eso no es el caso para M-16, en tanto a comparaciones contra obras de veteranos ochenteros a comienzos de siglo o contra lanzamientos de proyectos contemporáneos al lanzamiento del disco.
Ahora, ¿de qué va M-16? No solo es un disco sobre la guerra. Es, particularmente, un disco antibelicista sobre la Guerra de Vietnam. Explorado, sí, a veces desde la iconografía pop de la que se nutre el disco en más de una oportunidad (ahí están las referencias a Apocalypse Now o Full Metal Jacket), pero también desde una revisión extensa y compleja de los horrores de la guerra. Todo con una pluma particularmente afilada para los estándares del metal, y sobre todo para el thrash metal cuando se encarga de tratar la guerra. Son términos que al juntarse parecen amenazar con un despliegue artístico de lo más genérico. Y con justa razón, pues la evidencia de tratarse de una recurrencia trillada es abundante. Pero Sodom logró sortear esta amenaza olímpicamente el 2001.
Es el equilibrio perfecto entre el atractivo popero (porque reconozcamos que el thrash metal es un género bastante dado a esa inmediatez que podríamos denominar rápidamente como “popera”) y la profundidad del dolor. No es un disco que se moleste en celebrar la gloria épica de la guerra, o que se vanaglorie con el poder de las imágenes violentas. En apariencia, tenemos un trío pateando la puerta con su ánimo a lo Motörhead, pero de fondo hay todo un grueso de oscuro thrash metal a la vena revisando minuciosamente aquello de lo que pocas veces se trata con tal sensibilidad.
Sodom se estará presentando en Chile el próximo 23 de marzo como parte del Metal Beer Open Air Vol II. Las entradas están disponibles en Puntoticket.
