Escrito por Felipe León
Como un fenómeno se puede catalogar la existencia musical de Kendrick Lamar en estos tiempos, gracias a la buena acogida que han tenido sus últimos dos discos, ‘Mr. Morale & The Big Steppers‘ (2022) y ‘GNX‘ (2024). Así como al rol estelar que ocupa en la cultura popular, gracias diss tracks legendarios como «Not Like Us» y «Euphoria», o participando como show de medio tiempo en el Super Bowl 2025.
Sin embargo, tras estos vistosos saltos de popularidad se esconde una de las carreras más prolíficas y sobresalientes, no solo del hip hop sino que de la música en general. Hito tras hito ha moldeado el presente bajo una lírica sobresaliente, capaz de movilizar el peso de la historia como de abordar sus propios demonios internos, lo que 10 años atrás, un 15 de marzo de 2015, materializaba en una de las obras monumentales del arte moderno.
‘To Pimp A Butterfly‘ llegaba y nada volvería a ser igual.
Arte con la sangre derramada
La radical honestidad con la que Kendrick Lamar interpela las distintas temáticas líricas del disco resulta clave, debido al enfoque humano, desde lo político y espiritual, que profesa en cada pieza. Una suerte de grandeza reflejada en su imagen artística, que actúa como vocería histórica de la comunidad afrodescendiente en Estados Unidos.
Desde la soledad y el abandono, la hostilidad de la calle y la violencia racial, el amor, la esclavitud, la muerte y el orgullo, diversos son los hechos y pensamientos sumidos a la relevancia de sus canciones. Testimonios que son escritos con la sangre derramada tras décadas de discriminación institucional, encarados con loable inspiración y creativa profundidad.
Porque ‘To Pimp A Butterfly‘ es de esas obras gigantescas que permanecen en el tiempo, como monolitos inamovibles que siguen generando interés, sin perder el brillo de su proeza. Inmediatamente sería una voz notoria de su generación.
Raíces y vanguardia
Como sucesor de ‘good kid, m.A.A.d city‘ (2012), ‘To Pimp A Butterfly‘ buscaría expandir aún más sus influencias sonoras, lo que ayudaría a resaltar su carácter histórico. En ese sentido, la amplitud de referencias al jazz, soul, o funk nutren el apartado musical, formando parte importante de una suerte de biblioteca que conecta el pasado con el presente; las raíces y vanguardias del momento.
Desde una lectura abierta y fresca de sus búsquedas, Kendrick Lamar inmortalizó su legado a partir de un enriquecedor registro de hip hop consiente y jazz rap. Por lo mismo, la impronta personal dentro de este relato más amplio funciona como detonante de una totalidad de momentos reveladores, donde convive la poesía y teatralidad es su máximo esplendor.
Todo el álbum se siente como un gran esfuerzo comunitario, impulsado por el estilo profético y relevante que encarna el rapero. Con figuras como George Clinton, Snoop Dogg, Rhapsody, Flying Lotus, Pharrell Williams o Thundercat aportando al estilo complejo y enriquecedor que confiere este larga duración.
Trascendencia
A día de hoy su importancia radica, no solo en el sismo que generó en el momento de esu estreno, sino que también en la presencia y relevancia de su arte. Para bien o para mal, los tópicos que aborda siguen sosteniendo parte de la realidad actual.
En base a esto, la cualidad nata de engendrar piezas inmortales es parte fundamental de su trascendencia. No por nada temas como «Wesley’s Theory», «The Blacker That Berry», «King Kunta», «These Walls» o «Alright» siguen sonando tan frescos.
Pero podría seguir con cada una de las composiciones, pues hay espacio para todo. Desde «U» o «I» hasta la visceral «How Much A Dollar Really Coast?», un universo de identidades reflejadas en este magno trabajo de Kendrick Lamar.
