Disco de la semana
En ciertos casos, las comparaciones ayudan a discernir sobre el carácter aportador o revolucionario de alguna obra de arte en cuestión, al llevarla a terrenos donde es posible vislumbrar ciertos ideales que se comparte con algunas otras similares. En otros, no es más que una fijación dañina que evita a toda costa el hablar del contenido en sí, dando cuenta de berrinches odiosos que no hacen más que deformar la realidad de las cosas. Por ningún motivo hay que dejar que esto último entierre el excelso álbum que Hesse Kassel estrenó hace pocos días, bajo el nombre ‘La Brea’.
Porque mucho se ha dicho del proyecto, y sinceramente poco importa cuando la atención se la llevan comentarios caprichosos. Al fin y al cabo, las 8 piezas que forman este audaz recorrido de poco más de una hora, dan cuenta del carácter jugado que yace tras los esfuerzos de un grupo impulsado a llevar su creatividad a niveles deslumbrantes.
Siempre sosteniendo la antorcha con una especial dedicación por la construcción de atmósferas e intensidades, el andar progresivo de sus instrumentos, y el halo críptico de su lírica. Hecho a su propia existencia.
Comunidad de ansiedades
El disco en sí se mece entre un espacioso post-rock, capaz de indagar en los recovecos internos de una manera abrumadora, llegando a sentires y pensamientos tan angustiantes como ominosos; ansiosamente hermosos. Por otro lado, el nacimiento de los actos musicales se materializan desde una participación totalmente comprometida con llevar las cosas más allá, bajo una lupa que acentúa rasgos propios del art rock, desde una sensibilidad performativa y sonora que huye de lo convencional.
En ese sentido, la vitalidad de Hesse Kassel prioriza el ingenio como la vía que estimula su costado personal, asumiendo la proeza con suscitado interés por hacerlo todo monumental. Ya sea en momentos mínimos y sutiles como los más desatados, la manera de afrontar el pulso ansioso de su escritura aboga por desarrollar grandes relatos. Y tal misión se logra en conjunto, como una gran comunidad.
Vivencias propias transmutadas en una suerte amuleto, cristalizado desde una íntegra visión sobre la crudeza real y los consuelos musicales que viven tras cuestionamientos, reflexiones y sentimientos.
“Al final del día no hay más música, el disco es todo lo que hemos tocado, estamos tirando toda la carne a la parrilla de la forma más densa posible”, explica su vocalista Renatto.
A su propio fin
Hesse Kassel aterriza la acción en un plano que maneja sus propios tiempos. No hay apuros pero la prisa va en busca de caminos tan diversos, partiendo con la tensión constante de «Postparto», la solemnidad fulminante de «En tiempo muerto», la épica brillante de «Moussa», y la destructiva densidad final de «Yo La Tengo».
Por otra parte, «Americana» o «Vida en Terranova» canalizan el espíritu que mantiene a flote la ambición culminada en ‘La Brea’. Influencias de Swans a Black Country, New Rock, o Godspeed You! Black Emperor, sí, usadas a su propio fin con resultados por lo bajo meritorios, a nivel local, a nivel global.
Un trabajo digno a destacar, capaz de sostener a Hesse Kassel desde ya como una de las apuestas más interesantes a futuro. Y sobre las comparaciones, tal como lo ha demostrado la música en su historia, todo lo nuevo viene de algo anterior.
Escrito por Felipe León
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Prensa por Isidora Blanco
Fotos por José Pedro Downey
