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«Cowards» de Squid: Prosa en éxtasis

Por Renata Velásquez Romo

Desde influencias de los B-52’s, a mezclas del post-punk y rock británico, Squid publicó el pasado 7 de febrero su tercer álbum de estudio “Cowards”. Disequémoslo.

El vocalista y percusionista del grupo, Ollie Judge, canaliza la entonación de grandes como David Byrne y juega entre las líneas del spoken word y los gritos, que sólo embellecen y llenan de picos y bajadas el tercer proyecto de Squid. 

Desde su efervescente inicio con «Crispy Skin», escuchamos un particular sonido que inquieta, pero hipnotiza a la vez, todo acompañado de un cuestionamiento de la maldad a lo largo de la letra. Pasamos del maximalismo con un exceso de instrumentación que secuestra los sentidos, a un valle de “tranquilidad” que concluye en un balance casi orgánico, que se toma su tiempo y llega en el momento justo.

«Blood on the Boulders» trae tranquilidad, hasta que deja de hacerlo. Capturar una interrogación sobre un asesinato no tan sólo a través de la prosa, sino que acompañado de la música parece trabajo fácil para el grupo, mostrando un lento pero continuo descenso a la locura que solo se puede esperar al regresar a una escena del crimen, todo esto bajo el asorocharte sol californiano. La lenta punteada de la guitarra que se escucha al inicio y cierre del tercer track es ominosa pero certera, mostrando una suerte de desconcierto que se tiene tanto al momento de saber cómo al de no saber, todo en torno a la muerte que se alude.

Squid. 2025.

«Fieldworks II» trae elementos nuevos y atrevidos al sonido del álbum, con violines que cambian por completo la atmósfera y recuerdan de alguna forma a Black Country, New Road o hasta black midi. 

«Cro-Magnon Man» comienza con lo que suena en nuestras cabezas cuando se nos sube una araña al cuerpo. Tenebroso e inquietante, así es «Cro-Magnon Man», un tema que difiere con los de otros superhombres como Calcetín con rombos Man. Trae consigo la maldad y desesperanza: químicos, plásticos, telarañas. Críticas puntudas a las que solo les falta nombre y apellido para ser aún más específicas: «Cro-Magnon Man» es todo lo que no nos permitirá seguir en la tierra si grandes corporaciones no hacen algo al respecto. 

«Showtime!» trae sensualidad ruda, con un clásico guitarra-bajo-batería que nunca falla, hasta un quiebre que deja al lado esos elementos puristas y los cambia por sintetizadores, que confunden y distraen, con la misma suerte de burbujas que escuchamos en los inicios de «Crispy Skin». Pasar de algo clásico y conocido a lo más experimental habla del mismo showtime: las cosas cambian, integra lo nuevo sin dejar atrás tu sonido, se poco predecible. 

La poesía que da razón de ser a «Well Met (Fingers Through the Fence)» como último track de ‘Cowards’ es un tesoro. Porque sí, cada vez más piedras reemplazan pasto, más invitados llegan, y más comida se necesita. Sobrepoblación, hambruna y otros problemas que inquietan al mundo pasan a las generaciones que vienen, que, llenas de energía, buscan apagar incendios que ya les afectaron y tal vez sean imposibles de detener. Los sutiles ruidos de huesos y notas asonantes acompañan este sentimiento pesado y confuso, que entonado por una voz femenina y una masculina, nos hablan a todos. 

Cowards marca el cierre de un ciclo para Squid, y es uno extremadamente certero. 

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